Hace tiempo que venimos hablando sobre la llamada "democratización de la justicia", proyecto 'nacional y popular' que no pudo lograrse afortunadamente de la manera que querían hacerlo.
Hoy podemos ver reflejados esos flagelos que tantos repudiamos día a día en este país: la falta de una justicia independiente que actúe coherentemente y sin presiones políticas corrompiéndose.
Esta semana pudimos observar la impunidad, la desidia y la desorientación de una justicia que pretende ser lo que en verdad no es, una justicia que intenta demostrar lo que no puede y dejando de lado a las personas que realmente quieren hacer bien su labor.
Por un lado, tuvimos la indagatoria a Amado Boudou, el primer vicepresidente citado a declarar por el poder judicial debido a la causa más importante de la cual se lo acusa, el caso Ciccone, entre otras tantas acusaciones que tiene. No es un tema menor recalcar que a Boudou se lo había citado para el 15 de julio, luego del mundial de fútbol, pero él deseó adelantarlo y así fue.
El juez Ariel Lijo, quien es el que lleva el caso adelante, lucha cada día para que no pretendan pasar sobre su autoridad ya que es uno de los pocos jueces que se animó a desafiar a la corrupción, a las presiones políticas y a no importarle que sea el Vicepresidente a quien deba investigar. Un héroe como pocos pero con el peligro de que los jueces federales, simpatizantes con el acusado, desplacen a Lijo de la causa Ciccone.
Cuando pensamos en la justicia Argentina debemos tener en cuenta las consecuencias que implican hacer bien el trabajo de investigar a quienes deben investigarse, como el claro ejemplo del fiscal Campagnoli, quien se encarga de una causa tan importante para el país como lo es la llamada "La Ruta del Dinero K", implicando a uno de los más cercanos al gobierno nacional, Lázaro Báez.
La Procuradora General de la Nación, Gils Carbó, decidió hace unos meses, "correr" del medio a Campagnoli y finalmente suspenderlo hasta la instancia del juicio político que se llevará más adelante para dictaminar si se lo destituye como fiscal.
Aquí tenemos las dos caras de una moneda: un vicepresidente indagado pero aún en libertad y sin mayores problemas para salir del caso Ciccone impunemente y un fiscal que hace bien su labor y termina siendo suspendido y hasta quizás destituido por un "supuesto" mal desempeño de su funciones.
Nos hemos encontrado con una justicia que no es independiente, una justicia totalmente debilitada por un poder mayor que azota al verdadero ejercicio de una democracia plena, la división de los poderes en la Argentina no existe, no existe un poder judicial libre para su propio desempeño y efectividad. Estamos atravesando el debilitamiento de las instituciones afectadas por el gran flagelo de la corrupción terminando en la impunidad de quien delinque.
Vemos desde lejos una Nación donde podemos ejercer nuestros derechos y que sean cumplidos pero también vemos desde cerca una Nación donde ha sido destruido el Poder Judicial, donde no existe una justicia independiente de los poderes políticos y lo más lamentable, una Nación que desplaza a los que verdaderamente intentan hacen bien su trabajo.

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